lunes, 14 de julio de 2014

La línea chueca





La línea chueca

Me preguntaste en una noche gris, ¿qué es la vida?
Qué se yo, te dije
Pero al cabo de unos minutos respondí.


Para mí, la vida es una cosa abstracta
Llena de  líneas rectas, chuecas, mal hechas,
Que se tienden en el horizonte.


La vida es ese lugar que uno recorre con los años,
Un espacio lleno de preguntas y vacío de respuestas,
Una línea de tiempo chueca, mal hecha
Llena de promesas incumplidas.


Es un lugar en donde  presenciamos el sufrimiento,
Donde cumplimos y vemos cumplir el ciclo de una existencia,
Nacemos, morimos y vemos morir.
La vida es el proceso de evolución,
Esa evolución maldita, que nos golpea cada día.









AUSENCIA



AUSENCIA

Si Eduardo hubiera sabido que nunca volvería a ver a sus progenitores, hubiera disfrutado de aquel café caliente y del beso de su madre. 

Eran las siete de la mañana, Eduardo Jara desayunaba  junto a sus padres, como lo hacía todos los días, entabló una breve conversación con su padre, mientras el aroma a café perfumaba la casa y el pan se tostaba, un comentario sobre el clima, un agradecimiento y un beso de despedida, marcarían la vida de aquella pareja que nunca más volvió a ver a su hijo.

Eduardo agarró su mochila y salió rumbo a la Universidad; al mismo tiempo que cerraba la puerta de su casa, un carro se encendió; se persignó y pidió en voz baja a Dios y la Virgen que bendijeran su día. El carro arrancó y a tres cuadras de su casa un hombre encapuchado se bajó del vehículo y atacó a Eduardo con un golpe en la cabeza.

Por la misma calle y por la misma acera que Eduardo caminó esa mañana, Luis y Renata, transitaron la noche de la desaparición de su hijo, buscando pistas, preguntando a sus vecinos por su hijo, a sus amigos, profesores, a la policía, sin recibir ninguna respuesta.

Sus padres emprendieron una búsqueda desesperada, sus corazones sabían que su hijo estaba en problemas, organizaron marchas, repartieron volantes, enviaron comunicados a la prensa. Durante dos años hicieron lo mismo todos los días, pero nunca recibieron  ninguna llamada, mensaje, ni sola pista del paradero de Eduardo.

Durante dos años repartieron volantes y visitaron las instalaciones de la policía con la esperanza de recibir alguna noticia, pero con el tiempo Renata y Luis se resignaron a la dolorosa ausencia de su hijo, aceptando su partida. 

Sin embargo, luego de doce años, la policía encontró el cadáver de Eduardo al norte de Ambato, en una casa abandonada; junto a la osamenta hallaron varios objetos de tortura, algunos documentos y fotos borrosas y ropa en mal estado.

Con estas pistas, Luis inicia la búsqueda de los asesinos, con el objetivo de vengar la muerte de su hijo.
Las iras, el amor, la venganza se mezclan haciendo que  Jara encuentre a los asesinos después de cinco años, él hace lo mismo con los torturadores, los mata lentamente, con las peores torturas.

domingo, 13 de julio de 2014

“Buscaré una Excusa”





“Buscaré una Excusa”


Buscaré una excusa para tomar tu mano,
Para contener tu cuerpo,
Para ver el brillo de tus ojos,
Y besar tu boca.


Vos, no te darás cuenta de la excusa,
No será necesario,
Y quizás, ni la entiendas.


Tendré una excusa por día,
Para hundir mi mano en tu cabello negro,
Para despertar a la colonia de mariposas,
Que llevo dentro.