domingo, 13 de julio de 2014

La Mancha




Renata, alias La Mancha

Ella aparecía cada vez que me miraba al espejo, al principio ignoraba por completo su presencia, así que no me preguntes por cuanto tiempo el espejo ha sido su hogar.

Un 26 de septiembre, en mi cumpleaños 16, cuando iba acercándome al espejo miré una mancha  rara, de color turquesa, sí, al principio pensé que Renata era una mancha, una mancha pequeña que estaba en la esquina superior izquierda del espejo.

Pero cuando me acerqué, la mancha, o sea Renata, corrió al filo del espejo y desapareció, yo pensé que era producto de mi imaginación - sí y quizás tu pienses lo mismo- pero Renata asomó su cabeza después de unos segundos y yo hipnotizada veía como de a poco, entre que sí y entre que no, ella decidía salir del filo del espejo.

-Hola, me dijo con una voz infantil y débil.
-Mi nombre es Renata, me dijo con una sonrisa tierna.
-¡Feliz cumpleaños! Me dijo mientras saltó y extendió sus brazos tan pequeños, como si hubiera querido darme un abrazo.

Yo continuaba hipnotizada, inmóvil y sin sentido, viendo a la “mancha” moverse dentro del espejo, distinguiendo sus ojos azules color del cielo, su cabello amarillo como el sol, su piel blanca, tan blanca como la nieve.

-Hola, soy Renata, me dijo nuevamente con su rostro enrojecido por el esfuerzo que hizo al gritar su nombre.

No lo crees, ¿Verdad?

Pues yo tampoco lo creí, hasta después de un par de horas, luego de verificar que la mancha, no era una mancha, sino una niña inquita que me sonreía y me contagiaba con su felicidad.

El hogar de Renata es el espejo, según ella es un hada que se quedó atrapada en el mundo terrenal, no sabemos cuánto tiempo lleva ahí, pero lo que si sé, es que ella se  ha convertido en una parte de mi vida y, por supuesto, del espejo también.

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