Renata, alias La Mancha
Ella
aparecía cada vez que me miraba al espejo, al principio ignoraba por completo
su presencia, así que no me preguntes por cuanto tiempo el espejo ha sido su
hogar.
Un
26 de septiembre, en mi cumpleaños 16, cuando iba acercándome al espejo miré
una mancha rara, de color turquesa, sí,
al principio pensé que Renata era una mancha, una mancha pequeña que estaba en
la esquina superior izquierda del espejo.
Pero
cuando me acerqué, la mancha, o sea Renata, corrió al filo del espejo y
desapareció, yo pensé que era producto de mi imaginación - sí y quizás tu pienses
lo mismo- pero Renata asomó su cabeza después de unos segundos y yo hipnotizada
veía como de a poco, entre que sí y entre que no, ella decidía salir del filo del
espejo.
-Hola,
me dijo con una voz infantil y débil.
-Mi
nombre es Renata, me dijo con una sonrisa tierna.
-¡Feliz
cumpleaños! Me dijo mientras saltó y extendió sus brazos tan pequeños, como si
hubiera querido darme un abrazo.
Yo
continuaba hipnotizada, inmóvil y sin sentido, viendo a la “mancha” moverse dentro
del espejo, distinguiendo sus ojos azules color del cielo, su cabello amarillo
como el sol, su piel blanca, tan blanca como la nieve.
-Hola,
soy Renata, me dijo nuevamente con su rostro enrojecido por el esfuerzo que hizo
al gritar su nombre.
No lo crees, ¿Verdad?
Pues
yo tampoco lo creí, hasta después de un par de horas, luego de verificar que la
mancha, no era una mancha, sino una niña inquita que me sonreía y me contagiaba
con su felicidad.
El
hogar de Renata es el espejo, según ella es un hada que se quedó atrapada en el
mundo terrenal, no sabemos cuánto tiempo lleva ahí, pero lo que si sé, es que
ella se ha convertido en una parte de mi
vida y, por supuesto, del espejo también.
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